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sábado, 21 de mayo de 2016

LEY, VETO, Y...¿PARO?


Solo tres votos en contra tuvo la ley que las corporaciones vetaron inmediatamente. La lógica indicaría que el costo político será enorme y que el pueblo reaccionaría de la peor manera en contra del gobierno.


Cualquiera diría que un Paro General Nacional sería una reacción indistutible. Que la dirigencia política, los sindicatos y los trabajadores impulsarían la defensa de la estabilidad laboral frente al ataque corporativo al trabajo que significa el veto. Pero no se da en la práctica tal lógica, y ni siquiera ella es tal. 

Porque la masiva despolitización popular, que viene de tan lejos como los principios de la dictadura, más el esfuerzo enorme que hizo la clase dirigente, no solo política, sino toda, para desvestirse de seriedad, verdad y certidumbre, sumados al individualismo competitivista exacerbado, hacen que el conjunto no perciba como suyo el involucrarse en las discusiones en las que no creen. Las que no le interesan. 


El Congreso 

No creen las mayorías en el Congreso como un ámbito de representación. Ven que en términos generales allí se habla mucho, pero nadie se escucha. Que en esa cancha se discuten espacios, pero nadie repara en la opinión del pueblo, y cuando lo hacen es porque las cámaras están enfocando. 

El pueblo no cree en absoluto en las palabras de los diputados y senadores, ni en sus acciones, ya que hasta ayer pueden haber sostenido con alma, vida y corazón una bandera, esa misma que hoy queman con el mayor entusiasmo.

No mueve el amperímetro de la carga positiva ninguna ley. Porque en la convicción popular está soldado que ser cumplidas es menos frecuente que su frecuencia violadora. De modo que pueden estar o no, lo mismo da. Si no, vemos que pasó con la "Ley de Medios", la ley más discutida, consensuada y consolidada de la historia argentina. Sin embargo no se aplicó, porque más pudieron los intereses de una minoría. 

¿Por que creer entonces que las leyes tienen valor? No hay razones de peso, y en consecuencia puede el Congreso votar todas las leyes que de sus intereses surjan, y puede el presidente vetarlas a todas. La indiferencia popular sera la misma para ambos hechos.

Los Sindicatos

El movimiento obrero, otrora columna vertebral del mayor movimiento del campo popular, el peronismo, tiene en la consideración de los trabajadores la misma, o peor aún, menores expectativas y confianza que las nulas del Congreso.

Con lupa deben buscarse trabajadores argentinos que tengan una sola experiencia de haber electo democráticamente a sus autoridades sindicales. O cuanto menos a sus delegados por empresa. 

Observan los trabajadores como las negociaciones entre las conducciones sindicales y los empresarios se fueron convirtiendo reuniones entre empresarios. Y como los derechos de los trabajadores adquirían una elasticidad proporcional al crecimiento de los imperios personales de los popes sindicales.


El veto

Entonces, con tal volumen de descreimiento, con tanta falta de confianza, con tamaña indiferencia, ¿puede esperarse que el gobierno pague un costo político alto por su desconocimiento de la decisión abrumadoramente mayoritaria del Congreso respecto de la Ley antidespidos?

Claramente no. Es más, la discusión que se da es si al amparo del blindaje mediático, el veto no significará un fortalecimiento de la imagen gobernante. Ya que lo que un año atrás los medios hubiesen presentado como una expresión autoritaria de intolerancia, con un fuerte espíritu dictatorial, bien hoy puede mostrarse como una virtuosa muestra de autoridad legítima del presidente, en el marco de sus atribuciones constitucionales. Porque hace mucho que la realidad no es la que acontece, sino la que los medios inyectan a través de millones de ojos y oídos.


Recuperar participación y confianza

Lo que se fue degradando y destruyendo durante muchos años no se recuperará en poco tiempo. Quizás sean necesarios cambios estructurales en la representación. En todo tipo de representación. Desde la social, empresaria, sindical y política, para promover la participación, para politizar, y que así se comprenda que todo en nuestra vida, absolutamente todo, tiene que ver con decisiones políticas. 

Y si de esas decisiones políticas nos excluimos, se confirmará lo que Platón dijera cuatrocientos años antes de Cristo: "El precio de desentenderse de la política es el ser gobernado por los peores hombres"

No lo aprendimos en dos mil cuatrocientos años, pero siempre será tiempo si es que somos capaces de descolonizarnos y de superar esa pereza física e intelectual que nos impide ocuparnos de lo importante abrumados por lo que el mercado decide que nos es urgente y vital, aunque la mayoría de las veces sea, superficial, nocivo, y negocio de pocos.
"NO ME PREOCUPA EL GRITO DE LOS VIOLENTOS, DE LOS CORRUPTOS, DE LOS DESHONESTOS, DE LOS SIN ÉTICA. LO QUE MÁS ME PREOCUPA ES EL SILENCIO DE LOS BUENOS" Martin Luther King
"LLEGARÁ EL MOMENTO EN QUE NOS ENSARTAREMOS EL SOMBRERO HASTA LAS OREJAS FRENTA A LAS IGELSIAS, Y NOS DESCUBRIREMOS RESPETUOSAMENTE ANTE LOS BANCOS" (Comentario de don Aledo Luis Meloni sobre el veto de Angel Rozas a la Ley de descanso dominical)