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miércoles, 13 de enero de 2016

NOSOTROS PENSEMOS UN PAÍS

Mientras las corporaciones están corriendo a revientamotores el rally de convertirnos a todos en mercancía barata para sus negocios, y así mueven los hilos de la marioneta balbuceante que ejecuta, las víctimas de la revolución de la alegría debiéramos pensar un país. Y ver como lo ponemos en marcha ante este vuelo al estrellado en que estamos lanzados por la inercia del freno demencial aplicado a nuestros derechos y calidad de vida.

Seguir discutiendo si el rumbo que llevamos tiene algo positivo, sería tan productivo como pretender revivir a Newrton y a Einstein para resolver sobre la gravitación y la relatividad.

El modelo es claramente neomalthusiano, pero sin la honestidad intelectual de Malthus. Ya que éste, como clérigo que era (ironía), no mentía. Respecto de la solución para la crisis energética que plantea la superpoblación de pobres, él sostenía: "...todo el que nace en un mundo ya ocupado, y sus padres no pueden alimentarlo quiere decir que la naturaleza en este gran banquete no le tiene reservados cubiertos. Por lo tanto está demás, y le exige que se vaya, y no tardará en concretar esa orden que no debe ser impedida con ningún tipo de acción antinatural de permanencia del innecesario..." 
La revolución de la alegría que se nos propone es el avance en aquel sentido, pero sin aquella brutal sinceridad. Aquí nos dice el gerente de la Rosada, que los ya más de veinte mil despedidos "...tienen que buscar un lugar donde ser felices..." 

Ya aquí no puedes ser feliz. El mundo no está mejor. Si no fijate como les va a los refugiados y los migrantes del otro lado del globo. El clérigo, brutal pero sincero lo decía con todas las letras: si ya no tienes cubiertos en este banquete, estás de más y debes irte, la felicidad te espera en el otro mundo.

Pero nosotros, incorregibles transgresores, no podemos estar de acuerdo con esta solución por el solo hecho que en el azaroso sorteo de la vida nos ha tocado estar aquí y ahora. Vamos a patalear como en el 45, como del 55 al 73 y como del 76 al 83. 

Siempre pensando en que no sobramos. Que en este banquete que es la vida, tenemos reservados cubiertos como lo hemos probado en el 46, en el 73 y en el 2003. 

Los cubiertos los retiran los violentos, y los violentos sirvientes de esos violentos, como éstos hoy. Pero los recuperamos siempre entre todos, y nos volvemos a colocar la servilleta colectiva. Como eso no ocurre por designios del mercado, sino solo cuando vivimos en un país, ahora tenemos la obligación de volver a pensar un país.

Estos exterminadores disfrazados de vendedores de ilusiones tienen  fecha de vencimiento, y más cercana de lo que se pueda imaginar. Porque pudieron encantar a muchos ilusos, pudieron estafar en su buena fe a otros tantos, pero no han generado ningún lazo con ellos porque no tienen un proyecto de país. Tienen un proyecto despiadado de saqueo conservador y excluyente solo concebido por y para las conservadoras minorías oligárquicas.

Esas minorías conservadoras se expresan en las corporaciones. 

Y las corporaciones son, concentración para mayor enriquecimiento de pocos; mercado por sobre estado para mas indefensión de las mayorías; negocios extranjerizantes y destrucción de la industria nacional y del trabajo con las importaciones por mano de obra escalva; dependencia científica y tecnológica por más dependencia; menos libertad para más exclusión y explotación; y menos salud y educación para quitar cubiertos del banquete. 

Mientras que el país que pensemos es para todos, con democracia por mayor soberanía popular; industria nacional por más trabajo y bienestar colectivo; ciencia y tecnología por más independencia y libertad, salud y educación públicas y gratuitas por menos explotación y exclusión, redistribución e inclusión por más justicia. En síntesis, el país es cubiertos para todos.

¿Como se construye? Con militancia. Sí, con esas acciones que encierra esta palabrita que tanto odian los que la ejercen para las corporaciones mientras la bastardean queriendo hacerte creer que al servicio de todos es sinónimo de ñoquis, o que es la perversidad por la que millones de jóvenes piensan con cabeza propia en lugar de consumir sus enlatados.

Sí, militancia. Militancia para que todos podamos encontrarnos en nuestros matices y diferencias con la conclusión que nadie sobra donde no se practique el canibalismo. Para que seamos conscientes que el problema es que en el mundo el 1% tiene más que el 50%; que en los últimos diez años la riqueza global aumentó un 68%, pero de eso, el 1% más rico capturó el 95% mientras el 90% de la humanidad se hizo más pobre, desempleada, precarizada, marginada y expulsada. 

Y que en la Argentina en esos mismos últimos diez años había ocurrido un proceso distinto, casi inverso, donde los más ricos, las corporaciones, debieron resignar privilegios para que las mayorías no corran el mismo destino planetario. Para eso hubo retenciones; impuesto a las ganancias; hospitales y escuelas; jubilación de todos los mayores; infraestructura para la producción y la industria; Asignación Universal por Hijo. Ese fue el pecado capital que motivó la gran campaña por el cambio. Veníamos a contramano de la concentración del mundo y había que pararnos.

Por eso el Cambio está ya encaminado a volver a convertirnos en el carbón que alimente las calderas que iluminen a aquel 1% que se harta en el banquete del que no vamos a participar y que manda a los hijos de todos los pobres a ser felices al otro mundo.

¡No pasarán! ¡Volveremos! La historia nos avala y lo garantiza.

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