El candidato presidencial derechista, Sebastián Piñera, señaló esta noche que no descartará a personas que hayan trabajado en la dictadura de Augusto Pinochet.
No se podía esperar otra definición, comían juntos, bebían juntos. En algún momento lo llamó a ser uno de sus Ministros. Como hoy sonríe ante las cámaras, sonreía junto al chacal mientras los pobres y los desamparados chilenos que no pensaban igual que ellos, morían triturados por la cruel dictadura.

Un retroceso indudable en las políticas sociales y de derechos humanos enfrentará el pueblo chileno con el nuevo gobierno. Todo ello con el eufórico saludo del imperio y la "prensa libre" de la argentina, que mañana hará pomposas editoriales respecto de la madurez y lección de los chilenos. Unos y otros le darán al triunfo de Piñera la lectura de un avance de la república hermana hacia las puertas del primer mundo, aunque la realidad indique que el avance sea hacie el interior de las minas de explotación y muerte que se multiplicarán para saciar las voracidades de los mentores del ruiseño amante del miserable Augusto.
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