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domingo, 16 de noviembre de 2008

DIA DE LA MILITANCIA

El 12 de octubre del 45 Perón descansaba junto a Evita en la isla Martín García, pero a la madrugada del día siguiente el jefe de policía coronel Mittelbach le comunica que por orden del presidente Farrell debía constituirse detenido en un barco de guerra.

Nunca habrá imaginado Farrell que esa decisión daría inicio del más extraordinario movimiento popular que registre la historia de este país.

Felizmente como hoy, los gorilas de ayer acumulaban poder, apoyos, pero cometieron errores. Dejaron libre a Evita que le permitió activar una gesta histórica. Entrevistó a líderes obreros que apoyaban a Perón, a los obreros en las fábricas, en los bares, en sus casas, en todos los ámbitos posibles.

Y la convocatoria, potenciada por la extraordinaria fortaleza espiritual y la avasallante voluntad de una Evita que conmovía el alma del pueblo, comenzó a transformarse en una marea humana. Mamelucos, guardapolvos, delantales, camisas, sacos, torsos desnudos, llenaron calles demandando la liberación del Coronel Perón.

Y la marea fue incontenible. Y el Coronel Perón ocupó en la noche del 17 de octubre del 45, por primera vez el centro del balcón de la Casa de Gobierno. La multitud, el pueblo deliraba en incontenible alegría. Comenzaba otra historia. Una epopeya como pocas en el mundo.

Todo ocurrió de la mano de Evita, quién transmitió a los “cabecitas negras”, a los obreros, a las amas de casa, la certeza que solo la militancia activa, sostenida, perseverante, desafiante, garantiza el logro de objetivos, frente a los escollos mas difíciles.

Y vinieron los mejores años para los desposeídos y la clase trabajadora. El estatuto del peón, los derechos del trabajador, los derechos de la ancianidad, los convenios colectivos de trabajo, la ley de previsión social, la ley de accidentes de trabajo, la ley de vivienda obrera, el sueldo anual complementario, la mutualidad sindical, las escuelas sindicales, la ley de creación de la justicia del trabajo, los regímenes de jubilación, las reglamentaciones de las condiciones del trabajo y del descanso, las proveedurías sindicales, etcétera, etcétera, son sólo una pequeña parte del enorme cambio social promovido.

No era todo lo que los trabajadores podían esperar del gobierno popular, pero era mucho más de lo que la oligarquía podía soportar.

Los años felices comenzaban a ser amenazados. Los humildes habían perdido a su abanderada. Los eternos enemigos de las causas populares se fortalecían reclutando a lo más retrógrado de la civilidad, de las fuerzas militares y del sector dominante de una iglesia tan lejana de Jesús y los pobres como amante de la opulencia empobrecedora de cuanto poder antipopular desembarcara en la república.

Llegó la “Revolución Libertadora”. Grotesco con el se autocalificaban los violadores de los derechos ciudadanos, conculcadores de todas las libertades y destructores del futuro de las mayorías populares.

Siguieron casi 18 años de retrocesos y frustraciones para el pueblo argentino.

Pero aquella semilla militante con la que Evita abonara cada barrio pobre, cada corazón de obreros, intelectuales, docentes, curas fieles a Jesús, madres de miles de hogares argentinos, fue floreciendo a lo largo y ancho de la patria.
Todas las prohibiciones, todas la proscripciones, las amenazas, las prisiones, tuvieron la tozuda respuesta militante. El pueblo trabajador no olvidaba a quien había conseguido para los asalariados una participación del 50% en el ingreso nacional.

La tiza, el carbón, el alquitrán, se convirtieron en las herramientas de lucha de un pueblo que no estaba dispuesto a claudicar frente a los que querían prohibir hasta la expresión de los sentimientos.

Así la V y la Cruz, que a modo de falso símbolo pretendía representar “Cristo Vence” se fue transformando, de la mano militante, en la V y la P de “Perón Vuelve”

Y también aparecieron los primeros rasgos del humor de la resistencia. Cuando al Perón Vuelve, los gorilas pretendían agredir agregando la palabra MUERTO, los compañeros completaban la frase con un gran DE RISA.

Unos pintaban de día, los otros de noche.

En Villa Manuelita, un humilde barrio de Rosario a los pocos días del golpe podía leerse en derruidas paredes “SIETE PAISES HAN RECONOCIDO AL GOBIERNO MILITAR. ¡VILLA MANUELITA, NO! La creatividad popular y el fervor militante se hermanaban.

Todo fue mucho más que esto, riesgosas reuniones secretas solo por hablar de Perón, de su doctrina, del dolor por la oscuridad que cubría el futuro de los trabajadores.

La semilla de Evita florecía y se reproducía, y la lucha fue ganando las casas, las fábricas, los campos, las calles, y la resistencia se fue templando en la escalada represiva hasta convertirse en una fuerza incontenible. Y llegó el día.

El 17 de Noviembre del 72 al que supuestamente “no le daba el cuero” se lo vio pisando suelo argentino luego de largos 18 años. Era el gran triunfo del pueblo militante.

Y renacía la esperanza, lamentablemente no por mucho tiempo. Pronto volvería a oscurecer.

El 24 de marzo del 76 regresa desde los mismos orígenes, con renovada ferocidad la ultima dictadura. El poder económico local, la oligarquía, la iglesia claudicante y el imperio, volvían con sed de venganza para recuperar los privilegios perdidos.

Y una vez mas fue la convicción y la mística militante la que resistió, la que enfrentó y la que derrotó a la, –quizás- más criminal organización cívico-militar que reconozca la historia de la humanidad. 30.000 de nuestros mejores compañeros asesinados son testimonio de entrega militante. Campesinos, intelectuales, obreros, curas, compañeras, compañeros. Siempre presentes para que cada día renovemos nuestro compromiso de aportar todo a la construcción de una sociedad para todos. Una sociedad sin clientes, con ciudadanos.

Fueron los militantes quienes resistieron las crisis en el pasado y serán hoy también los militantes los que sostengan el proyecto de país diferente que encabeza el gobierno nacional con Cristina y el provincial con Coqui. Nada se logrará sin la participación activa del pueblo acompañando a su gobierno. Nuestro rol es el de seguir construyendo militancia para ser protagonistas de los cambios que se vienen.

Por nuestros compañeros muertos y desaparecidos, por nuestros hermanos empobrecidos, por el futuro de nuestros hijos, y por el símbolo cumbre de la militancia: nuestras queridas MADRES Y ABUELAS: ¡VIVA LA MILITANCIA! ¡VIVA LA PATRIA!

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"LLEGARÁ EL MOMENTO EN QUE NOS ENSARTAREMOS EL SOMBRERO HASTA LAS OREJAS FRENTA A LAS IGELSIAS, Y NOS DESCUBRIREMOS RESPETUOSAMENTE ANTE LOS BANCOS" (Comentario de don Aledo Luis Meloni sobre el veto de Angel Rozas a la Ley de descanso dominical)