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jueves, 2 de agosto de 2018

CUNDE EL PÁNICO



Se define al pánico como "miedo muy intenso y manifiesto, especialmente el que sobrecoge repentinamente a un colectivo en situación de peligro" 

Cuando esto ocurre en un colectivo con responsabilidades institucionales semejantes como es gobernar un país, constituye un hecho gravísimo. Porque el pánico hace perder objetividad, criterio razonable, y desaparecen frenos de distinta naturaleza que ponen en riesgo que las decisiones que se tomen generen severos e irreparables perjuicios para el país y los ciudadanos.
Es lo que está ocurriendo en argentina en estos días. 

El gobierno está demostrando que no resiste más las presiones. Y las presiones no son de la oposición, ni de grupos sociales víctimas de sus políticas. Son las presiones del poder. De las corporaciones que quieren más y más. Más endeudamiento para más especulación con el dólar y las lebacs, para más lavado. Más aumentos de tarifas para más miles de millones para sus empresas, prestadoras de servicios. Más quita de retenciones e impuestos para ellos y menos salarios para sus empleados. 

Porque Macri y todos los CEOs que lo rodean son solo los mandaderos que deben cumplir con las órdenes que les bajan de los despachos empresariales que son los verdaderos gobernantes. No olvidemos la contundente frase de Jorge Aufiero de Medicus al ministro Dujovne "Este no es tu gobierno, es nuestro gobierno". Clarísimo.

Nisman; las excavaciones del fiscal Pollicita en el sur; el permanente hostigamiento a la ex presidenta Cristina Fernandez a la que después de dos años sin fueros, ni bien los tuvo, iniciaron el pedido de desafuero sabiendo que no era procedente; ahora los "cuadernos del chofer" -que escribió en 2009 en un cuaderno que por cuya tapa se sabe que la fábrica "Gloria" imprimió recién en 2012- son capítulos de una novela continua -en reemplazo de las cadenas nacionales- tendiente a distraer por un lado, e incrementar el odio y profundizar la grieta por el otro.

Y, ¿Quién está en todos los capítulos de esta novela diaria? Claudio Bonadío, sí, aquel juez "a la carta" de la servilleta de Corach. Es un personaje ideal para tiempos de bajío ético y moral de un poder judicial en el que éste tipo de esperpentos protagonizan y opacan a muchos jueces dignos que son perseguidos, justamente por el crimen de serlo. Pero los Bonadíos, los Pollicitas, los Mrijuanes, son imprescindibles para imponer a través de los medios masivos de incomunicación una ficción que disimule la interminable cadena de delitos en contra de la nación y el pueblo que protagonizan los serviles del poder.

Pero como nada es eterno en política, ni en ésto que ejerce la banda que está asolando nuestro país, cada día se agiganta más en el horizonte el final. Y ésta es la razón del pánico que genera la pérdida de credibilidad producto de la mentira permanente y del saqueo descomunal a las mayorías. Pánico porque se acerca el final catastrófico de un modelo de destrucción de derechos para volver a concentrar la renta en una minoría históricamente antinacional y extranjerizante.

Pánico en la oligarquía, que se genera porque se acercan tiempos de un nuevo gobierno del campo popular como ocurrió siempre después de un derrumbe profundo como el que viene. Y pánico porque este derrumbe arrastre a los Bonadíos, y lleguen Jueces que arrumben en las cárceles a los criminales que destruyeron la república, prostituyeron la democracia y esclavizaron al pueblo.

Hoy el pánico se concentra en la figura de Cristina Fernandez. Es posible que se intente sacarla de la cancha del modo que fuere. Es posible un secuestro como el de Lula en Brasil. Pero nada será óbice para que la verdad aflore, porque podrán deformarla, violarla, mancillarla, pero ella es invencible, y se impone. A la verdad no podrán vencerla estos patéticos profetas de todas las mentiras imaginables. Nunca. Y entonces, será Cristina Fernandez, o será otro argentino o argentina con identificación plena con el campo popular quien llegará de la mano del pueblo estafado y humillado para reconstruir la nación y devolver bienestar y felicidad a las mayorías.

Las razones para que cunda el pánico son contundentes, tan contundentes como inevitable es el final de un proceso de degradación de una clase dominante con añoranzas de esclavitud y dictadura.




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