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lunes, 13 de junio de 2016

EN BUSQUEDA DE LA CONSOLIDACIÓN PENDIENTE



Primera Parte: Muerte y resurrección del peronismo


La Argentina se debate entre ciclos populares, frente a otros reaccionarios, autoritarios y neoliberales, desde siempre.

No se trata de una espiral, sino de un círculo cerrado en el que giramos emergiendo en tiempos desde la más profunda pobreza y desprotección, para volver a sumergirnos ni bien inhalamos algunas bocanadas de bienestar más o menos general. La rueda gira lentamente. Muchos pierden la vida sumergidos en el fárrago de las luchas concentradoras y distributivas. El costo social es enorme, dantesco.

A Irigoyen lo derrocó la ola conservadora para escarmentar la incipiente emergente de políticas sociales. Perón plantó el mojón más importante, con la instalación del mayor paquete de derechos sociales, políticos y del trabajo, que hasta ese tiempo se conociera en América Latina. El escarmiento fue proporcional. A sangre y fuego se cortó ese proceso democrático de justicia social.

Hasta hoy las paredes de los edificios circundantes de la Plaza de Mayo conservan los rastros de los bárbaros bombardeos al pueblo con el objeto de quebrar la resistencia a la pérdida de la mejor calidad de vida experimentada. Fue a contrapelo de la voluntad popular. Por eso sangre y fuego. Por eso muerte y proscripción con prohibición de mencionar la palabra maldita para la oligarquía: Perón.

Entre el 55 y el 73 el círculo se repitió varias veces, con democracias débiles, con el peronismo proscripto, y dictaduras cada vez más duras. Así llegamos al genocidio del 76/82 impulsado por las corporaciones económico financieras y mediáticas a fin de intentar, esta vez con el terrorismo desde el estado, terminar con un peronismo que daba la gran batalla, hasta en su propio seno, por consolidar la redistribución de la renta que promueva la Justicia Social que quedara trunca en el 55.

El genocidio fue la esperanza de la oligarquía para, esta vez sí, terminar con el peronismo. Se lo volvió a estigmatizar desde distintos frentes, incluido el sector conservador ortodoxo de la Iglesia y especialmente los medios de comunicación corporativos. Sin embargo luego de pruebas parcialmente fallidas y la enorme crisis de las políticas neoliberales que estallaron la argentina en 2001, el siempre vigente peronismo retornó de la mano de Néstor Kirchner en 2003.

A partir de esta resurrección, doce años gobernó en esta reciente etapa el peronismo con apego a sus mejores tradiciones históricas. Y eso se transformó en un problema serio para el poder del mercado, para la oligarquía, que vivió, vive y respira a pulmón lleno cuando inunda la pobreza, la miseria y la desigualdad que se profundiza cuando se impone la ley de la selva que pregona el libre mercado.

Eso, repitiendo la historia del 55 y del 76  desató una nueva campaña, perfeccionada y multiplicada para cortar no solo este crecimiento de un modelo de país más justo, sino también romper la consolidación del bloque latinoamericano no alineado con el poder hegemónico continental y global.

Esa fenomenal campaña que, hoy las pruebas de los hechos confirman fue basada en la mentira, en el cinismo, en el engaño, pero que en su momento prometía cuidar todos los logros, afirmando “no vas a perder nada de lo que tienes”, que sostenía enfáticamente “no mientan, no vamos a devaluar”, que cuales predicadores de la medianoche gritaban “tenemos derecho a vivir mejor”, “tenemos derecho a ser más felices”, pero una vez conseguido el objetivo se encargaron que decenas de miles pierdan lo que tenían como trabajo y salario; despidieron en seis meses ciento cincuenta mil trabajadores, devaluaron inmediatamente un 45% la moneda quitándole medio salario a los que aún lo conservan, y a todos ahora les dicen que lejos de tener derecho a vivir mejor y ser más felices, que estuvimos mal acostumbrados a vivir bien, que no tenemos derecho a tener calefacción, aire acondicionado, celular, auto. Que no podemos pretender viajar y comer afuera. Pruebas contundentes de la gran estafa a la fe pública de un pueblo ciertamente ingenuo.

Paralelamente, y para desalentar cualquier expectativa de volver a recuperar todo lo que nos están quitando, se dice en este tiempo que el Kirchnerismo desapareció. Que ya fue y no existe más. He aquí un error grave de lectura del peronismo. También cuando la revolución fusiladora del 55 avanzó en la destrucción de las conquistas sociales y el ascenso de sectores postergados por la explotación conservadora, se firmó repetidamente la partida de defunción del peronismo. Sin embargo, nunca, en los dieciocho años de proscripción hubo una figura política más convocante que el General Perón, pese a la proscripción, las prohibiciones y el exilio.

Algo similar, con diferencias por cierto, ocurre hoy con el Kirchnerismo. Y el error radica en que se pretenda hacer aparecer al Krchnerismo como algo desconexo del peronismo. Porque no lo es. Es más, el Kirchnerismo es peronismo en una de sus máximas expresiones, y ya veremos más adelante (en una Segunda Parte) por qué. En consecuencia, así como el peronismo no solo no desapareció, sino que creció en la adversidad durante años de proscripciones, campañas de descrédito, torturas, desapariciones y muerte de miles de sus militantes, tampoco será esta nueva ola neoliberal su sepulturero. De modo que eso de que el Kirchnerismo/peronismo ha muerto no es más que la vieja y fracasada expresión de gorilas deseos de la oligarquía. Fracasada expresión de deseos motivada por la filosofía política nacional y popular del peronismo que odian, y también porque las olas conservadoras, los tsunamis neoliberales tienen el sus genes el espíritu destructivo de la calidad de vida de las mayorías como necesaria estrategia de acumulación de las corporaciones que lejos de la redistribución de la renta se sustentan en la concentración en pocas manos, las suyas. Y esto hace que el pueblo recupere memoria y convoque al peronismo a la reconstrucción del país. Por eso jamás desaparecerá, más allá de los matices semánticos con que se lo denomine según los tiempos.

El miércoles 14 de junio:

Segunda Parte: Peronismo y Kircherismo

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