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domingo, 28 de junio de 2015

RECURSOS SIN POLÍTICAS RECICLAN FRACASOS
Los cíclicos reclamos de asistencia económica al gobierno por parte de grupos de productores en nuestra provincia es la resultante de ausencia de políticas apropiadas y planificación para el sector de medianos y pequeños que no forman parte del modelo dominante de siembra comercial en gran escala, que impusieron las multinacionales con sus paquetes tecnológicos.

Claramente las diferencias entre el grupo de dirigentes que convocan y el gobierno giran en torno a la masa de dinero que éste vuelca al sector. Unos ofrecen equis, los otros exigen triple equis. El final anunciado esta por allí en el medio, y nos vemos en cuatro meses cuando se agoten esos recursos. ¿Para producir qué y dónde? Lo que cada uno quiera. Puede tirarse el dinero en veinte hectáreas de soja como alimentar al picudo que goza cada vez de mejor salud. No existen estrategias de ninguna naturaleza lo que lleva a afirmar que no hay políticas para los pequeños y medianos productores, que son el gran potencial que tiene el campo chaqueño.
Y esto no es responsabilidad exclusiva del gobierno. La dirigencia campesina en este estrato de medianos no tiene propuestas ni planteos sobre políticas para garantizar rentabilidad en función de lo que deben cultivar. Se han convertido en un grupo de pedigüeños que campaña tras campaña transitan el mismo sendero de fracaso. A nadie se le ha ocurrido plantear políticas, mas allá del mangazo. Debieran repasar un poco la historia de nuestra provincia para ver que hubo dirigentes que no hablaban de plata sino de políticas, y fueron los tiempos en que se lograron significativas mejoras.
Pero no pasa eso, y hace años venimos así, y así seguiremos muchos más si es que tanto la dirigencia política como la de los productores no levantan la mira del actual mangazo y regateo para pasar a hablar de producir, como, que, donde y para que, teniendo en cuenta la multiplicidad de factores que hacen a que no se reitere invariablemente el fracaso.
Una revisión histórica resulta necesaria para que se comprenden los cambios operados y poder actuar en consecuencia en la formulación de políticas serias sustentables y sostenibles para la agricultura familiar.
De la Agricultura Familiar horizontal a la Industrial Concentrada.
En 1900 la incidencia de insumos industriales en la agricultura era de no más del 10%, todo el resto provenía de la producción del año anterior. Desde 1960 los insumos industriales trepan al 50%. En 1980 ya llega al 60% esta incidencia, y sigue subiendo.
Esto, que está motivado por la compra de semillas industriales, agroquímicos, fertilizantes, maquinaria y equipos de una siempre nueva generación, asesoramiento profesional, almacenamiento, previo acopio, acondicionamiento, secado, etc., todo en silos contratados a grandes empresas acopiadoras, incrementándose los préstamos contra hipotecas a bancos en general de origen extranjero y de los mismos grupos económico financieros.
Los pequeños productores –el 90% del total- no controlan bancos, acopios, semilleros, agroquímicos, fertilizantes, logística de transporte, barcos, puertos, bolsas de comercio de exportación, en consecuencia están atrapados en esta red que interviene cada vez con más presión sobre sus utilidades.
Si bien el desarrollo de nuevas tecnologías impulsó un incremento en la producción por hectárea, paralelamente elevó los costos de tal manera que determinó un incremento notable en la superficie a cultivar como unidad económica rentable.
La semilla híbrida y los transgénicos, propiedad del capital concentrado, han puesto en un puño la conducción de la producción agrícola mundial, por encima de los estados.
Las nuevas condiciones que esta agricultura industrial impone significan una elevación de los costos de producción:
El desarrollo genético de las semillas y su propiedad por parte de pocas empresas transnacionales- implica dependencia, y un aumento de los costos. Los agroquímicos y las maquinarias apropiadas que imponen para su uso, en permanente desarrollo y actualización, elevan costos. Los fertilizantes cada vez más necesarios dada la presión sobre el suelo, y como para los agroquímicos, la innovación en maquinarias para su aplicación también suben costos. El control de humedad del suelo al que las variedades de semillas son sensibles requiere y requerirá de sistemas de riego que también serán mayormente provistos por la misma industria concentrada provocan aumento en los costos. Por último, la cosecha programada genéticamente requiere de maquinarias también en permanente innovación, obligando a cíclicas inversiones con el consiguiente incremento de costos.
Este modelo, con fuerte intervención de la industria en la agricultura fijando pautas, sistemas y dominando el mercado son las nuevas reglas con objetivos claros: aumentar la producción, orientarla, imponer condiciones, y reducir actores para maximizar utilidades.
Se observa desde hace años un aumento sostenido año a año del volumen de la producción agrícola. Paralelamente han ido desapareciendo pequeños y medianos productores, lo que constituye una contradicción que tiene su explicación en la apropiación de gran parte de la renta por parte de los actores industriales que irrumpieron en la agricultura. Menos productores con mayor cantidad de tierras llevó a la concentración de la tierra ya sea por acceso a la propiedad o por el uso por arriendo a pequeños productores que quedaron por debajo del “predio rentable” y se ven impelidos a arrendar.
Para absorber el aumento de costos que la irrupción de la agricultura industrial concentrada determinó, se hace imprescindible la disminución del número de productores simultánea al aumento de superficie cultivada por productor.
El elevado aumento de los costos de producción por hectárea determina la inviabilidad de aplicación de los paquetes tecnológicos por parte de productores de cien/doscientas hectáreas porque la renta que obtiene el productor por hectárea, al compartir gran parte de lo producido con la industria, es absolutamente insuficiente. Tampoco este productor está en condiciones de acceder a créditos, los que están para productores con mayor volumen.
La gran industria, para sostener su nivel de ingresos debe compartir utilidades con el menor número de actores posible. 1.000 productores sobre 100.000 hectáreas (100 por productor) imponen una distribución de utilidades entre 1.005 socios si se consideran 5 grandes industriales.
50 productores sobre 100.000 hectáreas (2.000 por productor) determinan que se reduce a 55 actores el reparto de la renta potenciando geométricamente la utilidad de la gran industria, esto es, las multinacionales dueñas de los paquetes tecnológicos desarrollados para la dependencia de los productores.
Organizar, planificar y fijar políticas para la Agricultura Familiar es el único camino para recuperarla.
La agricultura familiar debe en consecuencia abandonar la idea que aún muchos sostienen de querer ser parte del modelo dominante de producción de commodities, y así escapar de la trampa que dice que el éxito es la soja por ejemplo. Es imprescindible discutir políticas que lleven a establecer, que se debe producir según las condiciones agroecológicas de cada zona, que producción aconsejen las distintas extensiones prediales, cuales son las que se adaptan a las necesidades sociales y de mercado. Cuáles serán las estrategias de transformación, agregación de valor en origen y distribución, todas asociativas para que la intermediación no se quede con la renta. Diseñar, planificar y ejecutar capacitaciones sostenidas en formación y administración. Planificación del abastecimiento local y la exportación. Promover tecnologías apropiadas a la agricultura familiar, para la liberación frente a las de la dependencia que impusieron las multinacionales, y que fueron el ariete de su expulsión. Generar las redes con otras economías regionales para el intercambio cooperativo de productos en forma directa.

Y en función de ello plantear las inversiones en infraestructura tanto productiva como de industrialización y comercialización, las diferentes políticas impositivas, las barreras aduaneras para la protección de la producción local, entre otras estrategias superadoras del actual debate por unos pesos por hectárea para que cada uno haga lo que le parezca y como pueda.


Si no lo hacemos, de poco servirán los cortes de ruta ni el dinero que el estado destine al sector. Ninguna sociedad crece, se desarrolla y prospera sin organización, sin planificación y sin estrategias colectivas para enfrentar los intereses opresivos y explotadores que la tienen bajo su suela.

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