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miércoles, 5 de abril de 2017

TODOS EN LOW COST


Diálogo real, dado en un avión; Pasajero: Señorita, hace frío, ¿podría alcanzarme una manta? Azafata: No señora, disculpe, pero para la clase económica no tenemos mantas.


El discurso dice “un gobierno para todos”, “juntos podemos”, pero las mantas solo se facilitan a los doce pasajeros de primera clase. Los ciento veinte restantes deben arreglárselas como puedan. Con la comida –si así puede llamarse a lo que entregan- pasa lo mismo. Los doce de primera reciben una bandeja algo más grande. Para que los ciento veinte restantes no se ahoguen en saliva, antes de servir los manjares a los de primera, las azafatas corren piadosamente una cortina que separa a ese sector de la plebe, evitando así a éstos la humillación de verse discriminados.

Esto simboliza perfectamente lo que nos pasa a los argentinos a partir del “cambio”. Estamos todos en un gran avión. Mejor dicho, los argentinos en tiempos neoliberales estamos casi todos, las 24 horas en Low Cost. Esto es, un 10% en primera, y el 90 restante pedaleando el país, desarrapados, desocupados, despreciados, con frio, con calor, empezando a comer salteado y escuchando nos digan, hasta convencernos, que era una ilusión ser más iguales.

Las distintas marchas de marzo lo certifican. Entre trescientas y cuatrocientas mil personas participaron de las de los argentinos de clase económica, mientras la de los de primera se nutrió de unos veinticinco a treinta mil.  

Claro que a nadie debieran quedarle dudas que no habría avión que vuele ni país que funcione sin ese 90% que no merece ni una manta. Sin ellos, la minoría de privilegio no existiría. Pero es evidente que falta mucho. Falta mucho para que ese 90% comprenda su propio valor. Para que tome conciencia que merece más que ser el combustible que está allí para que los doce de primera puedan ser sus amos, sus dueños, sus capangas, viviendo como viven gracias a que para ellos no hay ni una manta.

Termino aquí porque en este minuto leo que el gobierno provincial echó al compañero Quintín Gomez, hasta hoy Subsecretario de Participación Ciudadana. Y para dar una mayor lección de autoritarismo ordenó disolver esa Subsecretaría. Estoy impresionado por como nuestros compañeros se han mimetizado con la oligarquía más retrógrada, antiperonista y antipopular que hayamos conocido. Se sumaron a decretar la muerte política de Cristina hace meses, luego intentaron reflotar la derecha peronista en lo que dieron en llamar el “nuevo peronismo”. Se comieron todo el discurso y la campaña neoliberal que la argentina se derechizó y se sintieron como peces en el agua. Ciegos y desesperados por su propia falta de convicción de militar el campo popular, ahora pierden los estribos porque vislumbran que no hay nuevo peronismo ni muerte de Cristina, y quizás alguno más despabilado les avisa que esta construcción de instalación de la mentira como verdad ya saturó la tolerancia popular, y que lo que viene es lo que siempre vino después del tsunami derechoso destructor de la argentina: un pueblo que vuelve al modelo de país que le dio en el pasado derechos, bienestar, calidad de vida y respeto como personas.

Los compañeros del gobierno provincial actúan como si fuesen los doce de primera. No lo son, solo se los hacen creer para que ayuden a quitarle la manta a los ciento veinte. Por eso echan a Quintín, porque Quintín se cruzó en la pista reclamando las mantas. 

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